El trabajo de Sair García presentado en Montealegre Galería de Arte, como toda obra válida en esta época de escepticismo y simulacros, es susceptible a varias aproximaciones, pero todas ellas orientadas hacia la consideración de los avatares la sociedad y del hombre contemporáneo. Tanto su pintura como sus instalaciones giran alrededor de la indefensión y de la inclemencia que padecen  algunos sectores de la población, sólo que no de manera anecdótica como en el viejo costumbrismo, ni apoyadas en las noticias de los medios, como en menos viejas maneras de denuncia artística, sino planteando la tragedia a través de la placidez, conduciendo a reconocer la brutalidad de la cotidianidad a través de la seducción, del atractivo de representaciones o señalamientos que terminan por socavar la indiferencia y por despertar conciencia acerca de la realidad.

 

Uno de los planteamientos que pueden percibirse en la obra de García es la existencia de barreras que impiden, no sólo el acercamiento de unos sectores de la sociedad a otros, sino inclusive el reconocimiento de esa problemática. Pero en su trabajo no se representan obstáculos físicos o delimitaciones que imposibiliten la comunicación entre espacios o personas, sino que las barreras se intuyen como una condición que aparta unos seres humanos de otros y pueden vislumbrarse en la soledad y en el silencio que constituyen la esencia de su producción.  Podría decirse que a un lado de esta barrera intangible figura la representación en sí, la imagen plasmada sobre el lienzo, que al otro lado se hallan los espacios de la realidad, en tanto que el observador es ubicado por el artista de manera que pueda registrar los hechos, o mejor, sus consecuencias, precisamente, desde la barrera, es decir en un punto que permite considerar simultáneamente los dos lados de la situación.

Eduardo Serrano

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