Las Reacciones Fotográficas de André Kanayet

Eduardo Serrano

La fotografía de paisajes representa una compleja articulación cultural puesto que tanto la fotografía como el paisaje están ligados con identidad, memoria, conocimiento e historia. Si bien toda fotografía es, en última instancia, documental, incluso aquellas pre-dispuestas o manipuladas (puesto que siempre plasman algo o alguien), el concepto se refiere a un género en particular. En un sentido estricto, se considera fotografía documental la que constituye evidencia en relación con la realidad, y no hay duda que los paisajes fotográficos de André Kanayet representan lugares específicos, que constituyen testimonios de escenarios naturales, poderosos, que lo han afectado sensible e intelectualmente. 

Puede afirmarse entonces que su obra en esta exposición que se presenta en MONTEALEGRE GALERIA DE ARTE, se desarrolla en la modalidad privilegiada de la fotografía documental cuyos objetivos fueron el motor que condujo al descubrimiento del medio y a sus primeros desarrollos. Pero es claro que su producción no se resigna a transmitir al observador únicamente el testimonio escueto, la descripción detallada de los lugares escogidos para perdurar en sus tomas, sino que a partir de esa primera aproximación, para la cual Kanayet es manifiestamente selectivo e ingenioso, el fotógrafo se orienta a expresar el carácter del lugar, su esencia, su aliento, su energía.

Y no podía ser de otra manera si se tiene en cuenta que entre los principales objetivos de su obra se cuenta que el observador se compenetre con el lugar, y que se introduzca en las imágenes para que viva en carne propia algo de lo que sintió el fotógrafo al elegir los panoramas y parajes que lo hicieron detenerse -o regresar- para registrarlos, o que lo impulsaron a oprimir el obturador una vez logrado el encuadre que había imaginado.

Porque es claro que Kanayet intenta visualizar la toma antes de realizarla, imaginar cómo quedará su registro, y de ahí que en sus fotografías se perciba una detenida consideración del cielo, de las nubes, de la niebla, de la topografía, de las texturas, y de la gama de verdes que hablarán de la vegetación y que darán sentido a las distancias.

Es evidente, por ejemplo, que el fotógrafo estudia la luz, la hora, y en general la zona donde dirigirá su objetivo, y que en algunos casos se arma de paciencia para esperar las condiciones propicias para sus registros. Sus tomas ponen de relieve una especial perspicacia para examinar y sopesar las circunstancias topográficas y los significados ligados a los paisajes. Y en sus registros se entrevé  la carga emocional que los motivó, los sentimientos que le produjeron, su reacción como ser humano cautivado por la naturaleza y como fotógrafo que conoce los alcances expresivos de la cámara.   

En las tomas del Valle de Cocora, por ejemplo, es claro que el lugar lo sedujo de inmediato, que le trasmitió episodios de su historia milenaria, de sus orígenes, de la relación entre las plantas con su ambiente físico y biológico y de sus penurias por la irresponsabilidad de los depredadores humanos que llevan siglos sin que se haya logrado detener el proceso de extinción y desperdicio de las hojas y de la cera de las palmas, las cuales, en su registros se elevan altivas como buscando acariciar las nubes.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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